Comenzamos esta Semana Santa el recién pasado Domingo de Ramos, donde recordamos la entrada de Jesús en Jerusaleń, montado en un burro, recibido por el pueblo, que esperaban a un rey en el egoísta concepto de nuestras estrechas mentes humanas, no un reinado eterno de redención, liberación y paz. San Josemaría recomendaba meditar el Evangelio, suponiéndonos como un personaje más de la escena, imaginando que somos uno más de los que están ahí. Para esto sugiero leer este excelente relato del Blog de D. E. Monasterio “Y no sucedió nada…

Ayer miércoles por la noche u hoy en la mañana se habrá celebrado con los Obispos y todo el Clero reunido, la Misa Crismal, en donde se bendicen el Santo Crisma con que se unge a los que se Confirman o reciben el Sacramento del Orden, y los Santos Oleos, para el bautismo y la Unción de los enfermos. Dicen que en Antofagasta es la única diócesis que esa Misa se celebraría el Martes por la Noche, ya que los párrocos deben recorres distancias demasiado largas al día siguiente. Fue después de esa misa, estando en la noche un conjunto de sacerdotes reunidos, donde el Cura que me contó la historia fue testigo del relato que hace un tiempo he escrito en este Blog como “Y ocurrió en Tal Tal” que también pudiese haberse llamado “Yo estoy aquí

Hoy Jueves en la noche comenzamos con el Santo Triduo Pascual, la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, con la Misa in coena Domini, donde recordaremos cómo Jesús en la Última Cena, instituye el Ministerio Sacerdotal, e instituye la Santa Eucaristía con lo cual se quedará siempre con nosotros, hasta el fin de los tiempos.

Semana SantaLuego de esa noche, Jesús va con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, donde tiene lugar la Oración en el Huerto, y donde poco antes del amanecer será entregado. El Viernes Santo conmemoraremos la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, sin celebrar Misa pero leyendo la narración del Evangelio de San Juan, y también con la práctica del Vía Crucis. Es un día de recogimiento, ayuno, penitencia y reflexión por nuestros pecados y su redención. Adoramos la Cruz, es signo de victoria. No hay cristianismo sin Cruz.

¡Qué grande es la potencia de la Cruz! Cuando Cristo es objeto de irrisión y de burla para todo el mundo; cuando está en el Madero sin desear arrancarse de esos clavos; cuando nadie daría ni un centavo por su vida, el buen ladrón —uno como nosotros— descubre el amor de Cristo agonizante, y pide perdón. Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¡Qué fuerza tiene el sufrimiento, cuando se acepta junto a Nuestro Señor! Es capaz de sacar —de las situaciones más dolorosas— momentos de gloria y de vida. Ese hombre que se dirige a Cristo agonizante, encuentra la remisión de sus pecados, la felicidad para siempre.

El Sábado Santo es un día de oración, espera silenciosa. El sagrario está vacío, no hay música ni flores. No se celebra ni distribuye el Sacramento Eucarístico. Ese día en la noche se celebra la Santa Misa de Vigilia Pascual, donde acompañaremos a las santas mujeres al sepulcro vacío, para conocer la buena nueva de la Resurrección, que nos abre paso a la Vida Eterna.

Es lógico pensar —y así lo considera la Tradición de la Iglesia— que Jesucristo, una vez resucitado, se apareció en primer lugar a su Santísima Madre. El hecho de que no aparezca en los relatos evangélicos, con las otras mujeres, es —como señala Juan Pablo II— un indicio de que Nuestra Señora ya se había encontrado con Jesús. Esta deducción quedaría confirmada también —añade el Papa— por el dato de que las primeras testigos de la resurrección, por voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe» (Audiencia, 21-V-1997). Sólo María había conservado plenamente la fe, durante las horas amargas de la Pasión; por eso resulta natural que el Señor se apareciera a Ella en primer lugar. Hemos de permanecer siempre junto a la Virgen, pero más aún en el tiempo de Pascua, y aprender de Ella. ¡Con qué ansias había esperado la Resurrección! Sabía que Jesús había venido a salvar al mundo y que, por tanto, debía padecer y morir; pero también conocía que no podía quedar sujeto a la muerte, porque Él es la Vida.

Esta noche el Señor nos ilumina con su Gloria. Encendemos el Cirio Pascual. Recorremos la Historia de la Salvación a través de nueve lecturas bíblicas. Renovamos nuestras promesas bautismales y celebramos esa misma salvación en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. A partir del Domingo de Resurrección, la Iglesia nos invita a celebrar con alegría los cincuenta días de Pascua hasta Pentecostés como si se tratase de un solo día de fiesta, como un gran Domingo.

Les sugiero participar activamente en esta Semana Santa, en la medida de las posibilidades de cada uno. De momento, pueden ser de ayuda las 8 meditaciones de Mons. Javier Echevarría con motivo de cada uno de los días santos, desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, en sonido para descargar en mp3 y textos completos para imprimir.

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