La calunnia, è un venticello
La calumnia, es un vientecillo,
un’auretta assai gentile
un aura muy gentil,
che insensibile, sottile,
que insensible, sutil,
leggermente, dolcemente
ligeramente, suavemente,
incomincia a sussurrar.
comienza a susurrar.

Piano piano, terra terra,
Lento lento, a ras de tierra,
sotto voce, sibilando
en voz baja, sibilando
va scorrendo, va ronzando;
va corriendo va zumbando;
nell’orecchie della gente
en el oído de la gente
s’introduce destramente,
se introduce hábilmente,
e le teste ed i cervelli
a las cabezas y cerebros
fa stordire e fa gonfiar.
aturde e hincha.

Dalla bocca fuori uscendo
Una vez fuera de la boca
lo schiamazzo va crescendo,
el alboroto va creciendo,
prende forza a poco a poco,
gana fuerza poco a poco
vola giá di loco in loco,
vuela ya de un lugar a otro;
sembra il tuono la tempesta
siembra el trueno, la tempestad
che nel sen della foresta
que en medio de los bosques
va fischiando,
va silbando,
brontolando, e ti fa d’orror gelar
atronando y nos hiela de horror.

Alla fin trabocca e scoppia,
Al fin se desborda y estalla,
si propaga, si raddoppia
se propaga y se redobla
e produce un’esplosione
y produce una explosión,
come un colpo di cannone.
como un disparo de cañón.

Un tremuoto un temporale,
Un terremoto, un temporal,
che fa ¡’aria rimbombar!
que hace temblar el aire.

E il meschino calunniato,
Y el infeliz calumniado,
avvilito, calpestato,
envilecido, aplastado,
sotto il pubblico flagello
bajo el azote público
per gran sorte va a crepar.
podrá sentirse afortunado si muere.

El arte al servicio del espíritu: En esta famosa aria de la Ópera El Barbero de Sevilla, de Rossini, vale la pena detenerse a apreciar cómo la música y el canto en la interpretación, reflejan la realidad del contenido, en este caso cómo funciona la calumnia, la difamación.

Además nos puede hacer meditar cómo muchas veces somos tan poco delicados en hablar de los demás; el pelambre, la copucha, son, en el fondo, grados más atenuados; pero al fin y al cabo una imputación injusta e infame.

Rescatemos el buen arte, nademos contra la corriente y haciendo el esfuerzo que supone dejar de lado los medios tradicionales, la televisión, las revistas, los malls; a ver si nos damos el tiempo de apreciar una obra clásica, una ópera, una exposición, un concierto.

Como dice alguien por ahí, debería ser obligatorio asistir a una ópera de Rossini por lo menos una vez al mes. Esto tendría como efecto inmediato la disminución de malos humores y el deseo de hacer de nosotros unas personas más felices por lo que podríamos almacenar durante por lo menos un mes toda actitud negativa ante la vida.

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