Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
como se viene la muerte
tan callando

Imaginémonos por un momento a nosotros mismos, sentados frente a la pantalla de computador mientras leemos esto un poco aburridos, cansados y buscando algo que nos haga olvidarnos de eso que teníamos que hacer… o bien manejando un auto, un poco apurados por llegar, pensando mil cosas al mismo tiempo que hacer mientras cambiamos la música y nos lamentamos por el otro auto que se nos ha cruzado; en fin por un momento hagamos una abstracción de nuestro ser y propia conciencia, de manera de vernos desde afuera, sentados en una butaca viendo nuestra vida diaria como en una película. Pensar que a los pocos minutos de eso que estábamos haciendo, nos podemos encontrar en el box de reanimación de un servicio de urgencia, acostados y pensando si alcanzaremos a ver de nuevo a los que nos hubiese gustado antes de entrar ahí.Es una realidad. Tal como los versos de Jorge Manrique a la muerte de su padre, más de alguno lo habrá vivido también en carne propia, como alguna vez también les conté.

El tiempo que tenemos en esta vida es corto, y si de algo estamos seguros, es que vamos a morir. Recuerdo un sabio doctor que contaba cómo ante la pregunta del enfermo terminal acerca de cuándo iba a morir, él respondía – ?y Ud. sabe cuando yo voy a morir? – ?pero si Ud. está sano! – replicaba el enfermo. A lo que el doctor volvía a responder – Puede ser, no lo sabemos con seguridad, pero aún así, ?podría asegurarme Ud. que yo no voy a morir en las próximas horas?
Vivimos en un constante estímulo de cosas que distraen nuestra mente de nuestra conciencia misma. El hecho de saber que existimos, por qué el ser y no la nada.

Para los ateos la respuesta -según ellos – es simple: antes de la vida no habia nada, y después de ella, igualmente no habrá nada… ?que triste sería la vida si realmente creyéramos eso! Sería triste porque nuestra existencia estaría limitada a una situación cósmica azarosa, en la que nada tendría sentido. En todo caso, personalmente creo que las personas que no creen en Dios, hacen un esfuerzo por no creer. Es difícil pretender seriamente que la existencia no sólo de nosotros mismos, sino de lo que nos rodea, no tenga ningún sentido. ?De dónde ha salido todo esto? Pero no es mi intención aquí reflexionar sobre las pruebas de la existencia de Dios. Justamente, si lo pudiéramos probar en estas líneas, el hombre perdería un don esencial de Dios a los hombres: la libertad de creer, y ser libres de autodeterminarse hacia el bien. La verdad nos hace libres.

Jesucristo nos ha traido el Evangelio, la Buena Noticia. Dios nos ama, por amor nos ha creado. Para Dios no hay tiempo, porque el también creó el tiempo. Entonces desde toda la eternidad, en su mente nosotros ya hemos tomado forma como sus queridos hijos.

Deja un momento lo que estás haciendo. Toma el peso a ser un hijo o hija de Dios. Eres lo más querido de Dios, de Aquel que creó todo lo que existe, incluso de eso que te desconcentra en estos momentos. ?Qué alegría más grande! A nuestra limitada mente humana le cuesta un poco comprenderlo, pero es la Verdad.

?Dé qué vale todo lo demás si somos hijos de Dios? ?Qué importancia tienen estas inmediateces que nos preocupan? ?Despierta! Date cuenta que que Alguien te quiere muchísimo. Más que cualquier amor humano que puedas llegar a encontrar, más que cualquier reconocimiento. Todo es efímero y pasajero al lado del Amor de Dios.

¡Despierta tu alma! Sé feliz, alegre. ¿no te das cuenta que eres una criatura bienaventurada? ¿Que tu mismo Papá es el Creador del cielo y de la tierra? ¿Que hasta los pelos de tu cabeza están contados?

¡Despierta tu alma! Aprovecha el tiempo, ilumina tu casa, tu lugar de trabajo; y no dejes de mirar a los demás como tus hermanos.

Abre las puertas y ventanas para dejar entrar el sol a raudales, levántate y camina.

El fondo de este mensaje nos ha llegado de distintas formas, y en varias oportunidades. ?cuándo vamos a hacer algo? ?Hoy y ahora!

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