Muchas veces se escuchan o leen opiniones en las que ciertas personas, normalmente activistas que promueven el matrimonio homosexual, afirman que la doctrina de la Iglesia Católica y la sostenida por importantes integrantes de ella, supone una condena a las personas homosexuales e incluso su negación y exclusión.

Es preciso entonces aclarar cual es la verdadera postura de la Iglesia Católica en relación al tema de la homsexualidad, ya que usualmente y como argumento de ataque por el hecho de oponerse a la legalización de las uniones homsexuales, se intenta dar la imagen de una Iglesia cruel y discriminadora.

Hace poco los obispos de EEUU han aprobado un documento para reforzar pastoral con homosexuales. El tenor del documento es positivo, pastoral y acogedor. Su punto de partida es la dignidad humana intrínseca a cada persona y el amor de Dios por toda persona. Todo aquel que realice este ministerio en la Iglesia debe respetar esta dignidad humana.

Veamos qué dice el Catecismo de la Iglesia al respecto, y derribemos algunos mitos:

Castidad y homosexualidad

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que ?los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados?. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente radicadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Se?or las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

La Iglesia Católica no condena ni exluye a las personas homosexuales
Efectivamente, el Catecismo textualmente expresa que “Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza”, y que “Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”.
La Iglesia reconoce la existencia de la homosexualidad, y admite que su origen permanece aún inexplicado; no pretende que las personas que tengan esta condición sean apartadas o discriminadas, sino que las llama con especial respeto y delicadeza, procurando que respecto de ellas se evite cualquier tipo de discriminación injusta.

Lo que Iglesia Católica estima desordenados y contrarios al orden natural son los “actos homosexuales”.
Es muy importante tener en cuenta que por actos homosexuales se entienden aquellos actos de índole sexual con personas del mismo sexo; éstos evidentemente no proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual, y no pueden ser aprobados por la doctrina de la Iglesia.

La Iglesia Católica llama a las personas homsexuales a formar parte de ella.
Como hijos del mismo Dios, están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y a “unir al sacrificio de la cruz del Se?or las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”. El llamado que hace la doctrina de Iglesia Católica a las personas homosexuales es a la castidad. Así, “mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

No se trata pues, de debatir acerca de si el ser homosexual ha sido o no una opción de vida, sino que debemos afrontar sus efectos desde uan perspectiva acorde con la ley natural y la moralidad objetiva.

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