Desde ese Lunes 24 de noviembre que tuve la taquicardia, y luego de las consultas de rigor, el diagnóstico fue clarísimo: TPSV Taquicardia Paroxítica Supra Ventricular.

Ayer Jueves 10 de noviembre de 2005, fui internado en el Hospital Clínico de la Universidad Católica, donde el famoso y excelente Doctor Ismael Vergara junto a un estupendo equipo médico, me practicó exitosamente un Estudio Electrofisiológico junto a una Electrofulguración, lo cual es la solución definitiva al problema de las taquicardias.

Debo dar gracias en primer lugar a Dios, a la Virgen María, a San Josemaría, a mi se?ora, padres, amigos y todos los que rezaron por mí y me apoyaron.

Santa Mara
Y a propósito, no se olviden de rezar todos los días el Mes de María

La taquicardia paroxistica supraventricular o “TPSV”, si bien no conlleva un riesgo vital de por sí, en un corazón aparentemente sano como el mío, es algo que implica el temor a que en cualquier momento aparezca una taquicardia, normalmente nada de fácil detenerla (debiando recurrir a un Centro de Urgencia). Para alguien como yo que he vivido la agustia de la crisis de pánico y que tengo latente ese fantasma, resultaba sumamente perjuidicial para llevar una calidad de vida aceptable. Vivir con ese miedo no es algo que me permitiera llevar una vida normal en el Futuro.

Voy a tratar de explicar con mis palabras por qué se produce este tipo de taquicardia: Normalmente el impulso eléctrico del corazón nace en el nódulo sinusal, pasa de las aurículas a los ventrículos a través del haz de de His, y luego desaparece, a la espera de un nuevo latido o impulso que se genera en el ya se?alado nódulo. Las aurículas y los ventrílocuos están aisaldos eléctricamente y la se?al sólo pasa por el haz de His. Pues bien, si por alguna circunstancia – como al momento de formarse el corazón al nacer – existe otro conducto que haga pasar el impulso eléctrico de vuelta desde los ventílocuos hacia las aurículas, entonces, se produce un fenómeno de reentrada, en el cual el impulso eléctrico no se elimina, sino que se genera un circuito cerrado que provoca la taquicardia TPSV. Esto es lo que me pasaba a mí. Había tenido sólo dos episodios claros de TPSV en mi vida.

La solución única y definitiva entonces para este problema era el estudio electrofisiológico y fulguración.

Si bien sabía que como en toda intervención estaba corriendo algún riesgo, me entregué en la manos de Dios y encomendado a San Josemaría Escrivá decidimos que lo major para mi era solucionar el problema, o corría el otro riesgo de llevar una vida asustado, angustiado y ansioso por lo que pudiera ocurrir en el futuro.

La ma?ana del Jueves 10 de noviembre a las 9,00 realizamos junto a la Carola la admisión en el Hospital Clínico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y de ahí en adelante fue una seguidilla de preparaciones para la intervención, rato en el que debo decir que estuve bastante asustado y angustiado, pero siempre acompa?ado de mi se?ora, de mi papá, mamá, suegra, una amiga y muchos que sin estar presentes los sentía como si estuvieran ahí dándome su apoyo, mi hermana y mis hermanos, amigos, de los que me sentí tan querido. Los quiero mucho a todos. Tal vez la parte más tensa siempre es la despedida y la entrada al pabellón, pero lo más importante era que tenía plena confianza en Dios Padre que está en el Cielo, que se hiciera su voluntad, yo me entregaba en sus manos. La intervención duró aproximadamente tres horas, y durante todo el procedimiento estuve consciente, y por supuesto que asustado, pero con el paso de los minutos me fui relajando un poco. Se realizó en un pabellón especial para este tipo de intervenciones y otras similares. Luego de una peque?a anestesia local a la altura de la ingle, el Doctor insertó tres catéteres que viajaron por las venas hasta llegar al corazón. Todo esto era monitoreado por un equipo material y humano contundente. Luego de eso a través de los mismos catéteres y también a través de medicamentos comenzaron a inducir la taquicardia, a objeto de que apareciera el conducto que producía la taquicardia y debía ser neutralizado. Luego de identificado ese punto, el Doctor insertó un catéter especial para efectuar la fulguración y en ese minuto que sabía que era el más importante, cerré los ojos, apreté la imagen de San Josemaría que llevaba en la mano y me puse a rezar. Luego de la fulguración, estuvieron largo rato nuevamente induciendo una taquicardia, pero ésta no apareció , signo de que la intervención habría sido exitosa.

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