Un fin de semana como el recién pasado, con la mitad de mi familia con amigdalitis, hace recordar lo importante que es la salud, y por supuesto de darle gracias a Dios por tenerla y pedirle que mejore a los que no la tienen.

También sirve para darse cuenta lo importantes que en la Medicina y Sanidad mundial han sido los antibióticos, ya que gracias a éstos la mejoría puedo ser rápida. El primer antibiótico fue la Penicilina descubierta en 1929 por Alexander Fleming.

Aunque normalmente se piensa que Fleming descubrió la Penicilina por una casualidad, la verdad es que si uno lee la historia se da cuenta que este médico escocés, al que le tocó atender herdios en la sangrienta Primera Guerra Mundial, dedicó su vida al estudio e invesigación en cómo mejorar la infecciones y bacterias, motivado por hacer el bien, mejorar el dolor y sufrimiento que lo conmovieron, y que le dieron el impulso de las ganas de trabajar día a día. Sus descubrimientos (la Penicilina no fue el único) no fueron más casuales que otros en la historia de la ciencia, y la verdad es que en su gran humildad siempre se reconoció como un simple “instrumento” y no el “creador” de una cura. Nunca quiso patentar sus propios trabajos, para que toda la comunidad científica tuviera mejor acceso y se desarrollara más rápido la cura contra el mal. Todo un ejemplo de científico.

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